En aquel tiempo, durante los días III y II antes de los idus de septiembre del año 2010 AD, los Fratres recorrieron las meridionales tierras del Campo de Gibraltar, practicando su sagrado ministerio. La primera jornada la dedicamos a la ensenada de Bolonia, en cuyo poblado nos alojamos.
Los Venerables, arqueólogos por vocación, visitaron las ruinas de la ciudad romana de Baelo Claudia, fundada el s. II a.C. y famosa por su producción de garum. En su momento de mayor esplendor, llegó a tener nada menos que 2.000 almas. El maremoto (¡sí, un maremoto!) del s. II d.C., la crisis del s. III y los piratas fueron mermando lentamente la próspera villa, que quedó deshabitada en el s. VII d.C.
Las impresionantes ruinas se encuentran en un enclave de gran belleza, frente al mar, pero como decía Ortega y Gasset, a pesar de su espectacularidad, ruinas son, al fin y al cabo. Su serena y decadente belleza queda rasgada por el infausto edificio que aloja el Museo, que desentona completamente del entorno arqueológico.
El resto de la primera jornada lo dedicaron los Venerables a las playas y a una espectacular puesta de Sol, aunque la duna ocultó sus últimos momentos, impidiéndonos ver el rayo verde. La cena tuvo lugar en el refectorio exterior del Hotel Bellavista Bolonia, frente al mar.
El domingo, Día del Señor, los Venerables volvimos a la carretera y fuimos bordeando la costa. Dejamos atrás la Ciudad de Tarik (Tarifa) y nos detuvimos en el Mirador del Estrecho, inmortalizando nuestro paso con una fotografía. Continuamos hasta la Villa de La Línea de la Concepción, donde aparcamos los abaciales vehículos, y fuimos a almorzar a alguno de los refectorios cercanos al Puerto Chico, probablemente al Restaurante La Luna.
Por la tarde, visitamos la Montaña de Tarik (Gibraltar). Estaba el Peñón ataviado con la singular boina que luce los días de Levante. Los Venerables cruzamos el limes a pie, para evitar las esperas que han de padecer los que lo atraviesan en coche. Ya en el interior del territorio bárbaro, tomamos un autobús que nos llevó al centro y paseamos por las calles de la colonia, bastante concurridas.
La Venerable Hermana María José, los Venerables Hermano Juan J. y Hermano Manolo, y este humilde amanuense y Señor Abad Vuestro, subimos hasta lo alto de la roca, donde moran sus singulares habitantes: los monos (apes, en la lengua de los bárbaros).
El recibimiento, desde luego, no fue precisamente amistoso: nada más llegar arriba y salir del teleférico, de un tirón, un mono delincuente robó al Venerable Hermano Manolo el bocadillo que pacíficamente se estaba comiendo. Y con todo el desparpajo, subido a un lugar donde no podíamos alcanzarle, el ape quitó con gran habilidad el papel de plata que aún envolvía la merienda del Frater, y se la comió delante de nuestras venerables narices. ¡Y a qué velocidad se la comió! El Hermano Manolo dedicó al mono infame algunos calificativos, sin duda ajustados y bien merecidos, pero no se pueden reproducir en horario infantil.
Sin embargo, a pesar del incidente, la subida a lo alto del Peñón bien valió la pena. Inmersos en la boina, disfrutamos de espectaculares vistas de la propia roca, de sus playas, de Marruecos, del Estrecho y de toda la Bahía de Algeciras. Desde aquella privilegiada atalaya es fácil comprender la enorme importancia geoestratégica de Gibraltar. Por cierto, allí fuimos intimidados nuevamente por un mono bastante chulo. Afortunadamente, la autoridad acudió en nuestro auxilio y no hubo que lamentar males mayores. Lo que el mono no sabía era que todo estaba quedando grabado en vídeo por Vuestro Señor Abad...
https://www.rumbos.net/cancionero/4245_006.htm
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