sábado, 19 de julio de 2008

De cómo los Fratres tomaron la mojama en el Faro de Camarinal


En aquel tiempo, el Venerable Hermano Andrés contó a los Fratres que existía una playa exótica y sensual, donde había un chiringuito recóndito y paradisíaco, como nunca se había visto otro igual. La playa era el mismísimo Edén (era nudista) y el chiringuito ofrecía unas viandas exquisitas, pura ambrosía, a precio de cantina de monasterio. Lógicamente, un lugar tan extraordinario sólo podía existir en el Parque Natural del Estrecho (Cádiz).

Los Venerables quedamos fascinados por esta narración. En la Abadía no se hablaba de otra cosa. Y apartándonos de nuestra monástica regla, pedimos al Venerable Andrés que nos guiara hasta aquel lugar de ensueño. De este modo, un soleado XIV día antes de las calendas de agosto, los Fratres llegamos a la Plaza de los Reyes Católicos, la rotonda de entrada a la Villa de Barbate, donde nos esperaba el inductor y guía de esta aventura. El Venerable Hermano Andrés propuso que, antes de ponernos en camino, comprásemos en La Chanca algo de mojama para ir abriendo boca. Y esto resultó providencial...

Comprada la mojama, nos dirigimos hacia la Playa de los Alemanes, una hermosa ensenada que recibía este nombre porque allí llegaban los submarinos que recogían a los nazis que, tras la II Guerra Mundial, huían a Sudamérica. Aparcamos los coches al final de la playa, en el Cabo de Gracia, que separa la Playa de El Cañuelo (al este) de la Playa de los Alemanes (al oeste). Las vistas eran impresionantes. El cabo estaba coronado por el sin par Faro de Camarinal, antigua torre almenara que defendía la costa de los piratas berberiscos. Al pie del faro, bajando la ladera, se encontraba un búnker de la Guerra Civil.

Desde el faro, dirigidos por el Venerable Hermano Andrés, y precedidos por la avanzadilla constituida por los Venerables Hermanos Manolo y Juan, seguimos el sendero que bajaba hasta la Playa de El Cañuelo. Los paisajes que en nuestro camino se ofrecían a la vista eran alucinantes. Sin embargo, después de seguir por distintos caminos, nos dimos cuenta de que algo no iba bien: vagábamos por las arenas como Moisés y los hebreos por el desierto. Dimos vueltas y más vueltas, hasta que, por fin, derrotados, comprendimos que aquel paraíso que buscábamos estaba vedado para estos pobres Fratres, y volvimos nuevamente al pie del Faro de Camarinal, agotados, hambrientos, sin bebida y sin comida.

¿Sin comida? No, teníamos la mojama. Poca mojama y mucho humor. Porque lo cierto es que los Venerables, ante esta situación, ya no paramos de reír en toda la tarde, sentados en el suelo al pie del faro, "con más hambre que el perro de un ciego" (como decía el Venerable Juan) y sin bebida, disfrutando de la mojama como si fuera bocatto di cardinale. Y la mojama pidiendo agua, que no teníamos...

Tras la frugal comida, desternillados de la risa, bajamos los Fratres a la Playa de los Alemanes, cuya arena aún no habíamos pisado. En cuanto vimos un chiringuito, nos tiramos a él y debimos dejarlo sin botellas de agua. Saciada la sed, nos quitamos el calor dándonos un buen baño en las frías aguas del Atlántico. Salimos de la mar como nuevos y nos tumbamos, cuan venerables lagartos, al sol.



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