Dramatis personae: Andrés, Eduardo, Juan, Juan J. y Juanla, Mari Ángeles, María José, Mila, Vuestro Señor Abad.
En aquel tiempo, los Fratres llegaron al lugar más mágico de toda la Sierra de Aracena: la Villa de Castaño del Robledo. Este lugar, sin duda, debía ser presa de algún encantamiento. El aire, la luz, los colores, el ambiente, todo era especial en aquel lugar de callejuelas blancas y angostas.
Nos encomendamos a San Benito para adentramos en el inquietante Callejón de las Brujas, que, curiosamente, une... ¡dos lugares sagrados!: la Iglesia de Santiago El Mayor y la imponente y siniestra Iglesia Inacabada o Iglesia Nueva, también conocida como Iglesia del Cementerio, por haber sido utilizada como tal durante el s. XIX. Vuestro Señor Abad preguntó a varios lugareños por qué aquel callejón se llamaba así. Me respondieron que, en otro tiempo, había vivido allí nada menos que una bruja. Incluso nos mostraron su casa, que estaba al principio de la calle, junto a la Iglesia de Santiago El Mayor. La vivienda estaba en ruinas y con el techo hundido: parecía que nadie quería vivir allí.
Los Venerables continuamos entregados al hechizo de la Villa. El almuerzo debió ser en el refectorio del Mesón El Roble. Lo que sí recuerda este humilde amanuense es que el café se tomó en La Bodeguita de la Castaña, en los bajos del Ayuntamiento, en la Plaza del Álamo, y que nos sentamos en los atractivos veladores que estaban enfrente, junto a la Iglesia de Santiago El Mayor.
Comidos y pertrechados, nos encaminamos hacia el sendero de la Ribera del Jabugo (un año después, haríamos ese mismo sendero, pero desde Galaroza). Antes de salir del pueblo, los Fratres tuvimos un encendido debate sobre si un enorme árbol que vimos era una encina o un roble. Solventó la cuestión el inapelable veredicto del Venerable Hermano Andrés, más versado en estas disciplinas: se trataba de un roble (lo cual resultaba coherente con el nombre de la Villa).
Pasamos junto a un humilladero, lo que indicaba que estábamos abandonando la población y que debíamos encomendarnos a Dios, Nuestro Señor, para que nos protegiera en el camino. Cada vez que este humilde amanuense pasa por un humilladero, no puede evitar la pagana evocación de Hécate, la de triple figura (doncella, madre y anciana), diosa de la brujería y de la noche, deidad liminar que alumbra con sus antorchas los caminos de entrada y las encrucijadas.
A partir de ese punto, nos sumergimos en la fronda por un sendero realmente ancestral, por el que avanzamos hasta que la oscuridad de la noche desaconsejó proseguir, pues por estos parajes primordiales abundan hadas, encantarias, faes, brujas, druidas, almas en pena, ninfas, duendes de toda condición y, en general, seres con los que no resulta prudente encontrarse.
Antes de emprender el regreso, nos entregamos a la contemplación del cielo estrellado, guiados por el verbo sapientísimo del Venerable Hermano Juan, Maestro Astrónomo, auxiliado de sus aparejos de observación y fotografía. Hacía mucho frío, pero en el Castaño nos esperaba una buena cena, que tuvo lugar en el mismo refectorio del almuerzo, calentados por el fuego de una chimenea.

Por algo se llama CASTAÑO DE ......*ROBLEDO*
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EliminarPues, por la misma regle de tres - inversa, en éste caso - AYAMONTE debería llamarse así por la abundancia de hayas....será que con la pérdida de la h se perdieron los árboles?
ResponderEliminarEl maestro.....de primaria...
ResponderEliminarAl parecer, en un principio había robles en este lugar, pero no castaños. Los castaños llegaron de El Bierzo, a finales del s. XIII, con los repobladores castellano-leoneses. La aldea de Castaño del Robledo se fundó en el s. XVI por gentes de Aracena, de la que se terminó segregando.
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