En aquel tiempo, después de dos años, los Fratres volvieron al sendero encantado que puede tomarse desde la Villa de Galaroza: la Ribera de Jabugo. Un sendero arrullado por el río Múrtiga y que resulta especialmente hechicero en otoño, con la alfombra de las hojas de los castaños cubriendo el suelo.
Los Venerables preferíamos esta estación para andar aquel camino primordial, habitado por hadas, encantarias, faes, brujas, druidas, almas en pena, ninfas, duendes de toda condición y, en general, seres con los que no resulta prudente encontrarse. Y a fe que la jornada no defraudó.

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