En aquel tiempo, corría el verano del infausto año de 2020 AD, marcado por la horrible pandemia que asoló el planeta y cuyas medidas estaban en desescalada estival. Era el VII día antes de los idus de agosto, y la Venerable Hermana Pilar y Vuestro Señor Abad pasábamos el día en la espectacular Playa de la Hierbabuena.
El confinamiento había mantenido separados a los Fratres. De modo que, aunque habían dado ya las completas, antes de regresar a la Abadía, decidimos dar aviso al Venerable Hermano Andrés (que durante el postconfinamiento estaba en la Villa y Corte de Barbate), para pasar a verle. El Venerable había trabajado esa mañana y había estado después, hasta bien entrada la tarde, con unos amigos, de cuya dirección espiritual era responsable. Pero cuando supo que sus Fratres andaban por la Villa, inmediatamente estuvo presto a reunirse con nosotros.
Como era muy difícil encontrar dónde aparcar, el Venerable Andrés nos sugirió que dejáramos el abacial vehículo en el aparcamiento del supermercado Dia, a la entrada de la Villa, en la calle del Torre Tajo. Este aparcamiento está abierto las 24 horas, y fue una magnífica idea. Nuestro Hermano nos estaba esperando allí. Pasamos por su casa barbateña, donde nos enseñó las mejoras que estaba haciendo en ella: el resultado, un palacio, y muy acogedor.
Más tarde, apurando ya la prima vigilia, fuimos al Paseo Marítimo, donde nos invitó a cenar en el Restaurante-Marisqueria El Mirador, un lugar excelente, con vistas al mar. El Venerable Hermano Andrés nos presentó al dueño del establecimiento, que fue todo amabilidad con nosotros. Las gambas, el atún, el pargo... todo estaba delicioso. Cenamos como reyes en aquel magnífico lugar.
Y como nos acordábamos de los Fratres que estaban en la Abadía, desde aquel encantador refectorio enviamos al grupo de Whatsapp una foto con nuestros venerables saludos.
Después de la extraordinaria cena, caminamos por el Paseo Marítimo. Paramos en algún lugar que Vuestro Desmemoriado Señor Abad no recuerda, y bebimos y departimos sobre diversos asuntos de nuestro ministerio. Tan a gusto estábamos, que se nos vino encima la tertia vigilia, así que acompañamos al Venerable Hermano Andrés a su casa y, previas las oportunas bendiciones y despedidas, regresamos a la Abadía.

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