En aquel tiempo, un día de otoño en el otoño de la vida, los Fratres llegaron a la Villa de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). El Venerable Hermano Andrés quería presentarnos allí a Don Manuel, el director del internado de su reverenda infancia.
Los Venerables almorzamos con Don Manuel en el refectorio del Restaurante La Niña del Koke, con buen pescaíto y mariscos. El veterano profesor tenía ya más de ochenta años y era un hombre afable, de buen humor y notable conversación. Las expresiones de su cara y la entonación de su voz delataban su oficio, un docente de esa especie en peligro de extinción que se denomina con una extraordinaria palabra: maestro.
Después del almuerzo, los Venerables acompañamos a Don Manuel a su casa, cuyas puertas nos abrió de par en par, y nos acogió con la hospitalidad de las personas de buen corazón.
Tras despedirnos del venerable profesor, caminamos por la Villa. Disfrutamos de su paseo marítimo y presenciamos uno de esos atardeceres imposibles que ofrece la provincia de Cádiz. No recuerda Vuestro Señor Abad dónde fue el café, pero sí me viene a la memoria que, antes de regresar a la Abadía, tuvimos ocasión de ver, siguiendo la tradición, la fortaleza: el colosal Castillo De Santiago.

La redacción impecable. Este nuestro Abad es todo un portento.😘👍
ResponderEliminarMuchas gracias, Hermana Mary. Siempre tan atenta y tan cariñosa. Soy un Abad muy afortunado 😘
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