jueves, 8 de diciembre de 2005

De cómo los Fratres hicieron frente a unos peligrosos y despiadados cerdos en el sendero "Las Laderas"

Dramatis personae: Juan, Pilar, Teresa, Vuestro Señor Abad.

En aquel tiempo, en un radiante día otoñal, los Fratres llegamos a la Villa de Cazalla de la Sierra (Sevilla) y allí tomamos el Sendero Las Laderas. Era la primera vez que hacíamos este camino, largo y agreste, no especialmente difícil, pero tampoco fácil. En cualquier caso, su belleza compensaba el esfuerzo.

Al principio, la senda era llana. En cuanto dejamos atrás el pueblo, pasamos junto a varias fincas. En una de ellas, reposaba un pacífico rebaño de ovejas. La Venerable Hermana Pilar se hizo bucólicas y pastoriles fotografías junto a ellas.

Un rato después, el camino dejó de ser llano y comenzó a subir y bajar. Para guiarnos, habíamos leído unas indicaciones en internet. Éstas avisaban que nos encontraríamos varias verjas cerradas, pero sin candado, y que podíamos abrirlas para atravesar las correspondientes fincas, con el ruego de volver a dejarlas cerradas para que no se escaparan los animales.

Pues bien, tras cruzar la primera cancela, a punto estuvo de irse todo al traste. Primero fueron las dudas de los Fratres, más sabinianos que proculeyanos, sobre si estaba permitido o no atravesarla; pero no había prohibición alguna y las instrucciones eran precisas: abrir y cerrar la verja. Vuestro Señor Abad insistió en la palabra escrita y nos adentramos en la finca.

El camino comenzó a hacerse más abrupto y nos encontramos con un peligro inesperado: había cerdos sueltos a nuestro alrededor. Algunos Venerables se inquietaron por su presencia, temiendo quizás que los guarros les comieran las orejas, como al infausto hermano de Pascual Duarte, el protagonista de la novela de Camilo José Cela. Aunque varios Fratres quisieron dar media vuelta y regresar, continuamos avanzando. Afortunadamente, los puercos no nos hicieron el más mínimo caso y ningún fraile tuvo que lamentar la pérdida de sus venerables pabellones auditivos.

A la hora de nona, hicimos un alto para tomar los bocadillos, y continuamos con la caminata. El Venerable Hermano Juan esquivó casi todas las fotos que se hicieron. Atravesamos parajes verdaderamente dignos de ver, incluido el río Huéznar, con sus rápidos y cascadas.

El camino debía habernos devuelto a Cazalla por otro lugar distinto al de salida, pero era ciertamente largo y no podíamos culminarlo (sí lo haríamos años después, en 2011). En efecto, habían dado las vísperas y la tarde caía, el frío arreciaba y las tinieblas se adueñaban del mundo, así que dimos media vuelta y regresamos sobre nuestros pasos. Apretamos los dientes cuando volvimos a atravesar la finca de los cerdos, pero ya ni siquiera estaban, y alcanzamos sanos y salvos la Villa.



6 comentarios:

  1. Qué intrépidos éramos en ese tiempo. Aunque en este viaje yo no estaba sí he vivido situaciones parecidas.

    ResponderEliminar
  2. Los cerdos son bastante guarros.
    Pero si vas a ver las ruinas de Munigua tendrás que pasar jjunto a un cercado de toros bravos; a mí no me llegó la camisa al cuerpo cuando uno de ellos me miró fíjamente y comenzó a bramar......

    ResponderEliminar
  3. El amónimo de este asunto de Munigua era yo, El Maestro.

    ResponderEliminar
  4. El amónimo de las ruínas de Munigua era yo....El Maestro.

    ResponderEliminar

¿Quieres dejar un comentario?

El Mesoncillo en Google Maps

De cómo los Fratres celebraron la Navidad 2023 y la Abadía jugó, por primera vez, Lotería de Navidad

Dramatis personae : Ángel , Antonio , Hilda (amiga de Juan Carlos y María José),  José María P. , Juan Carlos, Luz, Mari Ángeles , María , M...