Dramatis personae: Helena, José María P., Juan, Lyra, Manolo, Mari Ángeles, María José, Pilar, Vuestro Señor Abad.
En aquel tiempo, Vuestro Señor Abad había leído en un viejo libro que encontró en la biblioteca de la Abadía, que existía un ignoto castillo, de Cote llamado, único en todo el Reino por su forma y factura. Era imperioso conocer aquel lugar, y de este modo, el XVI día antes de las calendas de octubre del lejano año 2006 AD, los Fratres pusieron rumbo a la Sierra Sur de Hispalis. Era una mañana radiante, pese al verano ya caduco...
Dejamos atrás el fiero Castillo de las Aguzaderas y la Villa de Montellano, y seguimos la sinuosa y estrecha carretera que se pierde en el corazón de la Sierra de San Pablo. Varias millas después, siendo ya la hora septima, lo encontramos: el Castillo de Cote gobernaba en las alturas de un monte prominente. El ascenso fue a pie, cada vez más empinado, como corresponde a todo iniciático camino. Sin embargo, a pesar de que la apariencia era la de una escarpada subida, realmente no fue para tanto.
Exploramos el castillo gótico (finales del s. XIII), aunque más que un castillo era una torre-capilla, de cruz griega, con los brazos orientados a los puntos cardinales y con ventanales a Levante y a Poniente. Resultaba un lugar recogido y secreto, muy especial, en parte sagrado y en parte misterioso. Subimos por la escalera a la parte superior, diáfana y sin barandas, y las vistas espectaculares de la Sierra nos sobrecogieron.
Llegada la hora de comer, nos dirigimos al refectorio de la Venta El Potaje, en la misma carretera, y que habíamos pasado cuando íbamos hacia el castillo. ¡Cuántos buenos momentos en esta venta desde entonces!
Por la tarde fuimos a la Estación de Coripe y alquilamos bicicletas, que nos llevaron hasta el Chaparro de la Vega. Fue un momento especial para la Venerable Hermana Pilar, pues era la primera vez que montaba en bici, y a fe que lo hizo habilidosamente y muy bien, prácticamente sin ayuda.
Cayó la tarde y devolvimos las bicicletas. Dimos un paseo por la Vía Verde, con sus siniestros túneles. No faltó, como mandan nuestros sagrados cánones, observación nocturna, con clase magistral de nuestro Maestro Astrónomo, el Venerable Hermano Juan, que llevaba uno de sus primeros telescopios.
De regreso, cenamos en Montellano. Fue en un mesón a la entrada de la Villa, acaso en el refectorio del actual Café-Bar-Hostal Boby. El cansancio asomaba en los venerables rostros de los Fratres, pero sus miradas denotaban serenidad y satisfacción, fruto de una gran jornada de descubrimientos.
Recuerda, mano dormida
ResponderEliminarAviva el seso y despierta
Contemplando
Cómo se pasa tu vida
Y las cuartillas *en blanco*.
Cuán presto se va el placer
Cómo d3spués de acordado....