En aquel tiempo, siendo la Festividad de la Virgen del Pilar, los Fratres fueron a pasar la tarde a El Mesoncillo. Actuábamos en petit comité, pues tan sólo íbamos la Venerable Hermana Pilar, el Venerable Hermano Juan, Maestro Astrónomo, y Vuestro Señor Abad.
A eso de las vísperas, fieles a nuestro ritual, salimos a dar un paseo por el camino que tantas veces recorrimos: la Vereda de Fernandillo (por estos pagos, diríase que todos los nombres acaban en -illo...). Y contemplamos una brumosa y otoñal caída de la tarde, que se debatía entre la belleza y el desasosiego.
El relente trajo una humedad que penetraba hasta los huesos. La Vereda quedó envuelta en tinieblas y regresamos a la finca del Venerable Hermano Juan, donde tuvimos el privilegio de asistir a la clase privada de Astronomía que impartió para nosotros. El Venerable, por aquel entonces, ya había dado el salto de los prismáticos al telescopio.
Eran los tiempos de El Mesoncillo.

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