En aquel tiempo, los Fratres nos retiramos durante tres jornadas a uno de los lugares más bonitos del mundo: la Villa de Zahara de la Sierra. Recuerda Vuestro Señor Abad la placidez de aquel lugar elevado, testigo de heroica reconquista. El viernes sobre la hora Sexta, antes de entrar en la Villa, nos detuvimos en la presa del Embalse de Zahara-El Gastor para contemplar desde lejos el espectacular paisaje de la montaña a la que nos dirigíamos, con las casas de Zahara subiendo por la ladera, coronado el monte por la torre del castillo. Una vista realmente majestuosa.
Los Venerables nos hospedamos en TUGASA Hotel Arco de la Villa. Una vez instalados, recorrimos las estrechas calles árabes de Zahara. Llegamos hasta lo alto de la Villa y, en una tienda, compramos los bastones que, casi dos décadas después, aún nos acompañan en nuestro andar por los caminos a la Venerable Hermana Pilar y a este humilde escribidor. En la misma plaza había una señal de tráfico, que rezaba así: "Prohibido estacionar, salvo la Policía Loca", pues se le había caído la "l" final.
Subimos al castillo nazarí, en el que tuvo lugar la entrevista, en 1282, entre Alfonso X "El Sabio" y su otrora enemigo, el sultán benimerí Abu Yúsuf Yaqub ibn Abd al-Haqq, al que pidió ayuda para vencer la sublevación de su hijo Sancho y de buena parte de la nobleza. Del castillo sólo quedan la torre del homenaje y escasos lienzos de la muralla; una muralla que antaño había tenido torres cada cierta distancia, y que debió ofrecer un aspecto formidable. La torre del homenaje permanece en pie, y recorrimos y fotografiamos su interior. En lo alto, disfrutamos de espectaculares vistas del embalse y del Parque Natural de la Sierra de Grazalema.
A la mañana siguiente, los Venerables subimos al Puerto de Las Palomas, en Grazalema, de aspecto fantasmal, totalmente envuelto por la niebla. Resulta divertida y entrañable la película que filmó Vuestro Señor Abad, donde aparece el Venerable Hermano Juan con su cámara, grabando y comentando a sus espectadores las maravillas que estaba viendo.
El almuerzo fue en Ubrique y, siguiendo nuestra antigua costumbre, en la sobremesa, leímos algunos fragmentos de un minilibro, de diminuto tamaño, que Vuestro Señor Abad solía llevar encima para estas ocasiones. De modo que Nasrudin nos acompañó, con su sabiduría, durante el café.
Repuestos física y espiritualmente, retrocedimos en nuestro camino para llegar hasta la milenaria calzada romana de Benaocaz. No era cómodo caminar por ella, pues aunque los siglos han consentido que las piedras permanezcan, no ha corrido la misma suerte el mortero que las unía, por lo que el camino quedaba lleno de incómodos huecos, que a menudo lastimaban los pies. Pero, voto a Dios, estábamos caminando sobre la Historia. Y no faltó la imagen bucólica y pastoril de unas simpáticas cabras, ante las que posamos fingiendo que sabíamos pastorear un rebaño, cuando realmente, pobres Fratres, sólo entendíamos del pastoreo de almas...
La noche nos sorprendió volviendo por la calzada romana. Un lugareño nos dio un susto de muerte, porque salió de la negrura, silenciosa e inopinadamente, irrumpiendo con un "Buenas noches" seco y enjuto. No llevaba ni una mísera linterna. Costumbres ancestrales en lugares ancestrales.
Regresamos a nuestro campamento-base en Zahara, y al día siguiente, domingo, nos despedimos de la villa blanca, poniéndonos nuevamente en camino. Llegamos a la Villa de Ronda (Arunda, en tiempos de Roma), la ciudad del cañón abierto por el río Guadalevín, el Tajo de Ronda. Una ciudad pintoresca y hasta señorial, con Via Crucis incluido. Sin embargo, aun reconociendo su belleza sin par, fue lo que menos sedujo a vuestro humilde siervo, de cuantas maravillas vio en aquel viaje.
El tiempo apremiaba, mas quisimos los Venerables apurar la jornada y, antes de tornar a nuestra Abadía, atravesamos el término de la Villa de Benaoján y nos detuvimos en la Cueva del Gato y, más tarde, en la Sima del Hundidero. Un importante periplo que provocó que, al llegar a esta última, el Venerable Hermano Juan, Maestro Astrónomo, hiciera este donoso comentario a Vuestro Señor Abad: "Pepe, yo lo único que digo es que al final el senderismo lo vuelve a hacer el coche".
La tarde avanzó inexorable, como el destino de los hombres, y pronto llegó el momento de regresar a nuestra entrañable Abadía, pues ya llegábamos tarde a los cantos de Vísperas. Atrás quedaron los lánguidos y plácidos momentos vividos durante aquel lejano fin de semana en la Sierra de Grazalema.


Como siempre tan buen narrador. Qué buenos momentos vivimos. Gracias de corazón por contarlo con tanto detalle. Hay momentos que no recordaba.
ResponderEliminarEl comentario anterior es mío. Ja ja
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