sábado, 2 de agosto de 2008

De cómo los Fratres a punto estuvieron de no comer el arroz

Dramatis personae: Andrés, Ángel y Rosi y Ángel David, Juan, Juan J., Juanjo y Macarena, Lyra, Manolo, Mari Ángeles, María José, Paco y Margo y Carmen, Pilar, Teresa, Vuestro Señor Abad.

En aquel tiempo, la noche de un IV día antes de las nonas de agosto, vivimos una de las jornadas más memorables de la Abadía. Todo giró en torno al arroz que íbamos a cenar en El Mesoncillo, con los Venerables Hermanos Juan y Mari Ángeles como anfitriones.

Los Fratres y feligreses convocados nos entregamos animosamente a los preparativos del refectorio. Y cuanto más avanzados iban estos preparativos, aderezados con generosas degustaciones de viandas y caldos y otras bebidas, más ganas iban entrando de pasar al plato estrella de la noche.

Para calentar la espectacular paellera, el Maestro Chef (nuestro Venerable Hermano Andrés) había traído desde la Villa de Barbate un tejeringo (yo desconocía que existiera palabra semejante). Pero el tejeringo precisaba, como energía motriz, el gas de una bombona de butano, y esto ¡ay! no lo habíamos previsto. Era ya la secunda vigilia, la congregación estaba en pleno... y tenía hambre.

Un sábado por la noche, y del mes de agosto, no parecía el momento más propicio para encontrar una bombona. Se organizó de inmediato una partida, compuesta por tres voluntarios: los Venerables Hermanos Andrés y Manolo, y este humilde amanuense. Subimos prestos al vehículo abacial y salimos en busca de la ansiada bombona por esas gasolineras de Dios, con el recto propósito de no volver con las manos vacías. Mas no fue tarea fácil. Cuando por fin encontramos un sitio donde la tenían, no nos la querían vender. Pero la fe mueve montañas, y con un poco de retórica y el recurso a hermosos palabros, conseguimos que la gentil señorita que nos atendió terminara comprendiendo nuestra zozobra y accediese a vendernos la deseada bombona de butano. Salvado el obstáculo, regresamos raudos y el arroz pudo culminarse, en medio de ansiosa expectación por parte de los Fratres.

Y allá, en el refectorio de verano de El Mesoncillo, dimos buena cuenta de una sabrosa cena, en la que fue una gran noche, plagada de risas, tertulias y buenos momentos de hermandad. El arroz, riquísimo. La compañía, insuperable. La velada, para no olvidarla nunca: no hay un solo Venerable que no la recuerde con una sonrisa.



5 comentarios:

  1. Esos momentos son los que merecen la pena vivir. Los que nos llenan de risas para adentro recordándolos y nos llenan de alegría. Lo mejor de la vida, es lo que se comparte con los buenos amigos. (Esa paella me la perdí).Hermana Mery

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  2. Porque todavía nos faltaba un año para conocerte, querida. Pero no hay problema, hermana Mary. Convocaremos al Mesoncillo-Abadía y le diremos a nuestro Maestro Arrocero, el venerable hermano Andrés, que coja el tejeringo y se ponga manos a la obra. Y si hay que volver a buscar una bombona de butano, como ya tenemos experiencia, la encontraremos a la primera.

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    1. Ja ja ja. Yo me apunto. Qué aventura. Había paella para un regimiento. Al dia siguiente volvimos a comerla al mediodía con Teresa y su familia.

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  3. Tejeringo también se usa, en determinados pueblos de Andalucía, para designar a los churros (pueblos como El Campillo de Huelva, Valverde del Camini, Nerva)......

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