En aquel tiempo, los Fratres tuvieron que desplazarse hasta la Villa de Cádiz para un asunto oficial: la Organización de la Gran Regata había solicitado a Vuestro Señor Abad que los Venerables comparecieran durante un acto solemne, para bendecir a las naves participantes.
La Gran Regata, o Regata de Grandes Veleros, o Regata de Veleros de Mástiles Altos (The Tall Ships Races), que tiene lugar cada dos años, nació en la década de los 50 para fomentar la paz y la unidad de los jóvenes de todas las naciones. Cádiz ha sido la anfitriona varias veces, como en esta ocasión que ahora os narra vuestro humilde amanuense.
Cuando llegamos a la Villa milenaria, los Fratres paseamos por el centro y comenzamos con un aperitivo. El almuerzo llegó más tarde y tuvo lugar en el refectorio del Atxuri, con ricas viandas y buenos caldos. Después de la comida, los Venerables nos encaminamos al puerto y asistimos al solemne acto para el que se había requerido nuestra presencia. Cumplimos con nuestro ministerio y echamos las bendiciones, y paseamos por el muelle, visitando varios de los barcos bendecidos, que estaban ataviados con sus mejores galas: un espectáculo colorista, realmente digno de ver.
Por la noche, los Venerables Joaquín y Rosa nos guiaron hasta la Casa Palacio Arámburu, donde se desarrollaba la Feria de Antigüedades, Pintura y Artes Decorativas, que recorrimos con mucho agrado. Allí tomamos un refrigerio, hasta que se hizo tarde y, siendo ya la secunda vigilia, regresamos a nuestra entrañable Abadía.
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