sábado, 26 de enero de 2013

De cómo los Fratres llegaron al Monasterio de Tentudía, el lugar donde la Virgen hizo que el Sol se detuviera

Dramatis Personae: Antonio, Lyudmyla, Manolo, María, Pilar, Vuestro Señor Abad.

En aquel tiempo, los abaciales vehículos de la Hermana Mary y de Vuestro Señor Abad subieron esforzadamente por una carretera de montaña, hasta llegar al punto más alto de la provincia de Badajoz: el Monasterio de Tentudía, una espléndida iglesia-fortaleza mudéjar levantada en el lugar en que ocho siglos atrás se había librado una singular batalla.

En efecto, en 1247, Fernando III El Santo pidió al Gran Maestre de la Orden de Santiago, el portugués Pelay Pérez de Correa, que viniese a ayudarle en el sitio de la Ciudad de Sevilla, que resistiría durante 16 meses. El Gran Maestre, bajando desde Mérida, se encontró con los sarracenos en el lugar que ahora visitábamos los Venerables. La lucha se estaba decantando a favor de los cristianos, pero se alargaba y la noche se echaba encima. Fue entonces cuando Pelay Pérez de Correa, rodilla en tierra, imploró a la Virgen: “Santa María, detén tu día”. Y se produjo el portento: la Virgen se apareció y detuvo el Sol, y los cristianos pudieron continuar luchando hasta derrotar a sus enemigos. Alfonso X El Sabio dedicaría cinco cantigas a tan memorable gesta.

Y allí estábamos ahora los Fratres. Recuerda Vuestro Señor Abad que aquella tarde de invierno, el frío helaba la sangre casi tanto como la soledad y el silencio que allí reinaban. Aunque no tuvimos la fortuna de poder acceder al interior del Monasterio, los Venerables recorrimos el severo perímetro de sus muros, disfrutando de las magníficas vistas de la sierra. El Venerable Hermano Antonio El Maestro lució su hábito con compostura y propiedad.

Antes de irnos quisimos inmortalizar nuestra estancia, fotografiándonos ante el murete que tiene la invocación "Salve, María, Reina de Tentudía". Vuestro Señor Abad se auxilió del temporizador de la cámara para poder salir también con sus Venerables Hermanos. Pero el resultado da fe de que, aunque sea hombre versado en Letras, Teología y Derecho Canónico, no soy diestro en el arte de la fotografía.

Se nos echaron encima las vísperas y nos dirigimos a la Villa de Calera de León. Deambulamos por sus vías más principales. Pasamos por la calle Pelay Pérez Correa y no reparamos en una señal extraordinaria: en el pavimento empedrado estaba representada la flor de seis pétalos. Los conocedores del Enigma Sagrado saben bien que representa a María Magdalena. Teníamos ante nuestros venerables ojos un símbolo relativo al Sangreal (el Santo Grial), el sagrado linaje de Jesús de Nazaret y María Magdalena. Pero los Fratres, enfrascados en un caluroso debate teológico, no repararon en ello, como atestigua la fotografía que ilustra esta narración. Vuestro Señor Abad se percató del craso error ya en la Abadía, gracias precisamente a la foto.

Sin embargo, varios meses después, este humilde amanuense volvió a encontrar la flor de seis pétalos, esta vez en la Villa de Montemolín, y fue cuando comprendí su alcance y significado, y cómo se adivinaba detrás la herética mano del Priorato de Sión, como explico en mi crónica de Montemolín.

Pero permitan Vuesas Reverencias que, tras esta necesaria digresión, vuelva a los hechos acontecidos en la Villa de Calera. Los Venerables, ignorantes de que nos encontrábamos inmersos en un misterio, continuamos nuestro inocente paseo. En la Plaza de España vimos la Parroquia de Santiago Apóstol y la Conventual Santiaguista. Compramos dos Cuponazos (70583 y 60824) y los fotografiamos para su constancia a efectos de premio (que no tocó) en el local donde tomamos café, que probablemente fue el Bar Centaurea Tentudaica.

Partimos de Calera y abandonamos las tierras extremeñas, para adentrarnos en la provincia de Ónuba. Y dimos con nuestras pobres humanidades en la pequeña aldea de Carboneras, muy próxima a la Villa de Aracena. Allí fuimos al refectorio de un lugar bien conocido por los Venerables, de cuyo nombre no quiero acordarme, según ya he explicado en otra ocasión. En efecto, en este bar no se nos quiso bien, pero no fue en este día. Aquella gélida noche tuvimos buena chimenea y buena cena. Y hubo magnífica lectura, con la participación de todos los Fratres, aunque destacó la dramaturgia del Venerable Hermano Antonio El Maestro, que estuvo sublime.

Después de estos gratos momentos, tomamos los abaciales vehículos e iniciamos el camino de vuelta a la Abadía. Aunque no sin antes hacer nuestro tradicional alto en el camino para observar las estrellas. Pero en esta ocasión la espesa niebla no lo permitió, si bien nos obsequió con unas espectrales imágenes, que parecían salidas de un cuento de Allan Poe.



1 comentario:

  1. Por si alguno de los Venerables no lo supiese, la tercera bocacalle de la izquierda de la calle Rodrigo de Triana, en dirección plazuela de Santana, justo enfrentando la fachada posterior del Colegio José María del Campo, se encuentra la calle Pelay Correa. El Maestro.

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