En aquel tiempo, el quinto día antes de los idus de marzo, los Fratres llegamos al nacimiento del río Huéznar, en la Villa de San Nicolás del Puerto. No es que el lugar no fuese bonito, pero Vuestro Señor Abad quedó un tanto decepcionado. Quizás esperaba encontrar un paraje grandioso, al estilo del nacimiento del río Mundo o de las cataratas del Iguazú, pero éste era más modesto. En cualquier caso, qué duda cabe, el territorio donde un río nace siempre es sagrado y especial, y éste lo era también, como lo atestiguó la cantidad de náyades, xanas y encantarias que por allí pululaban.
La visita fue breve. Tras ver el río naciente, el Venerable Hermano Juan, nuestro Maestro Astrónomo, tomó la foto que figura al pie de esta crónica, y nos hicimos nuevamente a la carretera.
En unos minutos, llegamos al aparcamiento y a la colonia del Cerro del Hierro, una vieja mina anterior a los romanos. Desde finales del s. XIX a mediados del s. XX, la explotación estuvo a cargo de una compañía escocesa, que construyó las hoy conocidas como Casas de los Ingleses y la iglesia, que encantaron a los Fratres.
Aquella gélida zona, conocida como la Siberia Sevillana, es rica en avistamientos OVNI. Los Venerables nos hicimos pasar por reporteros de TV y entrevistamos a algunos paisanos. Vuestro Señor Abad, cámara en ristre, les preguntó si habían visto algún objeto no identificado. Los paisanos, desconfiados, fueron un poco reticentes, pero al final uno de ellos dijo que, una noche, vio una extraña luz que atravesaba el cielo sobre la aldea, a una velocidad imposible. Para él, era un OVNI, sin lugar a dudas. El hombre parecía sincero y no mostraba ningún afán de protagonismo. Sorprendidos, les dimos las gracias y comprendimos que, efectivamente, en aquella zona suceden cosas...
Impresionados con aquel testimonio, subimos los Venerables al Cerro del Hierro propiamente dicho y recorrimos sus intrincados vericuetos, comprendiendo la dureza, en la Antigüedad, de la condena ad metalla (trabajos forzados en las minas). Vimos una laguna y atravesamos galerías. Aunque el Sol aún no se había puesto, la Luna casi llena presidía el cielo. La Venerable Hermana Pilar encontró los restos oxidados de una vieja polea, vestigio del pasado minero. No en vano, el hierro que de allí se extraía fue destinado a obras ilustres, como las rejas de la Real Fábrica de Tabacos (Universidad de Sevilla) o el Puente de Isabel II (Puente de Triana), también en Sevilla.
Cayó la fría noche y pronto iban a dar las Completas. Había que volver a la Abadía, pero antes los Fratres nos acomodamos sobre unas rocas y descansamos. Como era nuestra costumbre, observamos las estrellas. El Venerable Hermano Juan traía El Sendero de la Mano Izquierda, de Fernando Sánchez Dragó, y cada Venerable fue leyendo en alta voz alguno de los 181 mandamientos que conformaban el libro, lo que dio pie a interesantes tertulias. ¡Qué tiempos aquellos!

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