Dramatis personae: Álex, Alma (hija de Myriam y nieta de María), Andrés, Carmen, Hans (amigo de Andrés), José María P., Lorna, Mari Ángeles, María, María José, Myriam (hija de María), Pilar, Teresa, Remedios (Yiyi, madre de Vuestro Señor Abad), Vuestro Señor Abad.
En aquel tiempo, los Fratres decidimos que, después de ocho largos años sin celebrar la Navidad, ya era hora de retomar nuestra tradición. El lugar elegido fue un refectorio antiquísimo que frecuentábamos muchos años atrás, cuando éramos monaguillos, ni siquiera novicios: el Restaurante San Marco Santa Cruz.
Antes de dirigirnos allí, la Venerable Hermana Pilar y Vuestro Señor Abad se habían reunido en el Bar Carlos Alberto con los Venerables Andrés, Lorna y Hans (amigo del primero), que venían a la celebración desde la Villa de Barbate. El Venerable Hermano Andrés tuvo un bonito gesto trayendo el bastón que nuestro Venerable Hermano Juan le había regalado allende los tiempos, y nos explicó que lo hacía para que el añorado Maestro Astrónomo también compartiera con nosotros aquella celebración navideña.
Desde allí, nos encaminamos hasta el Restaurante San Marco, donde nos congregamos todos los Fratres. La Venerable Hermana Carmen presentó ante la Abadía al Novicio Álex, que devótamente juró sus votos e ingresó en el acto en nuestra Orden, pasando a ostentar la dignidad de Venerable.
El refectorio estaba dispuesto con una larguísima mesa, y aunque posamos algo serios para las fotografías, lo cierto es que a los Venerables no nos fue necesario mucho tiempo para relajarnos y disfrutar de una grata celebración.
Las horas se fueron derramando plácidamente. Finalizada la comida y la sobremesa, los Fratres deseaban ir a otro lugar, a continuar con los fastos. Vuestro Señor Abad tenía un serio problema, pues Mari, la señora que cuidaba a mi madre, tenía que volverse a su casa en la Villa de La Rinconada, y no podía perder el último tren, por lo que este humilde amanuense tenía que marcharse enseguida a casa, con su añorada madre. Lo participé a la Congregación y me despedí, pero mis Fratres, que valen un imperio, no estaban dispuestos a consentirlo y propusieron ir a un sitio que estuviera cerca de mi casa, para poder recoger a mi queridísima madre y llevarla con nosotros. Dicho y hecho, Mari pudo coger a tiempo su tren y Vuestro Señor Abad se trajo a su madre consigo (que estaba encantada, como siempre que ha estado con Vuesas Reverencias), y continuamos todos juntos la celebración en El Cafetal, donde nos sentamos en cuadrado e hicimos fotografías y un entrañable vídeo.
Por este grandísimo detalle, y por muchas cosas más, os estaré agradecido toda la vida y seréis siempre mis Fratres.
En cuanto a la cuestión de los cánticos navideños, es cierto que hubo algunos en El Cafetal, aunque no llegamos a utilizar el Libreto Oficial de Villancicos de la Abadía, que en aquella fecha continuaba perdido y aún no había sido rescatado por la Venerable Hermana Teresa.

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