sábado, 11 de diciembre de 2010

De cómo los Fratres celebraron la Navidad 2010 en El Mesoncillo

Dramatis personae: Alba, Andrés, Ángel y Rosi y Ángel David, Helena, Inma, José María P., Juan, Juan J., Manolo, Mari Ángeles, María José, Pilar, Sofía y Victoria, Teresa, Vuestro Señor Abad.

En aquel tiempo, en un otoñal día de Adviento, los Fratres llegamos a El Mesoncillo, donde nos esperaban los Venerables Hermanos Juan y Mari Ángeles para la celebración de la Navidad (nuestro anfitrión prefería hablar de las las Saturnales). Era la primera vez que nos acompañaban tres personas muy especiales: Alba, hija de los Venerables José María y Helena, y Sofía y Victoria, hijas de los Venerables Juan J. y María José (Sofía y Victoria no salen en las fotos porque aún estaban dentro de la barriguita de su mamá).

Los Fratres dispusimos un rústico refectorio fuera de la casa, al abrigo de su muro norte, dando la espalda a la villa de Castilleja del Campo, para encontrar el recogimiento que nuestra venerable celebración requería. Preparamos con gran hermandad la mesa, con variados y ricos manjares, y la parrilla funcionó a toda máquina. Siguiendo la Ley de Ritos, hubo brindis por el encuentro y por la Navidad (o Saturnalia). Y durante largo y placentero rato, comimos y bebimos fraternalmente, y charlamos y arreglamos la diócesis, el país y hasta el mismísimo mundo.

Más tarde, y siguiendo lo establecido en los cánones que rigen nuestra Abadía, dimos un paseo, auxiliados de nuestros venerables cayados. Y como es de ley, tomamos el camino tantas veces caminado: la Vereda de Fernandillo, la senda que nace junto a la finca y se pierde por los campos de mi Andalucía, en dirección a la milenaria Tejada la Vieja, a la que no llegamos, pues se encontraba a tres leguas de distancia.

Vuestro Señor Abad grabó un vídeo en mitad de la Vereda (nunca mejor dicho), con entrevista incluida, donde quedan registradas típicas estampas de los paseos de los Fratres. Y el Venerable Hermano Juan, nuestro anfitrión y Maestro Astrónomo, nos hizo una entrañable foto de hermandad. Una foto ciertamente especial y carismática, pues aunque son muchos los años que han transcurrido desde entonces, Vuestro Señor Abad (y me consta que otros Venerables también) sigue emocionándose cada vez que la contempla.

Durante largo rato, deambulamos los Fratres por la verea, hasta que viendo que el Sol claudicaba sobre Poniente y que el frío arreciaba, regresamos al abrigo de los muros de El Mesoncillo. Allí asamos fraternalmente unas castañas en el fuego del hogar, y siguiendo lo prescrito por nuestra Venerable Regla, cantamos villancicos, utilizando el Libreto Oficial de Villancicos de la Abadía (compilado por Vuestro Señor Abad y rescatado, tras su pérdida, por la Venerable Hermana Teresa, que ganó por ello 500 días de indulgencia). Cantamos felices, y hasta la jovencísima Alba hizo palmas. No faltaron algunas lecturas en alta voz, como La pequeña cerillera, de Hans Christian Andersen, que trajo muy oportunamente la Venerable Hermana Pilar.

Así, plácidamente, se derramaron las horas de las últimas Saturnales que celebramos en El Mesoncillo. De hecho, tuvieron que transcurrir ocho largos años para volver a celebrar juntos la Navidad. Pero de eso, Venerables, ya os hablaré otro día...



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