sábado, 4 de febrero de 2023

De cómo el Venerable Andrés mostró la Laguna de la Janda a los Fratres y les explicó la traición que costó el Reino a Don Rodrigo

Dramatis Personae: Andrés, Ángel y Manolo (amigos de Andrés), José María P., Manolo, Junalyn y Remedios Florence, Mari Ángeles, María, Pilar, Teresa, Vuestro Señor Abad.

En aquel tiempo, los Fratres llegaron a la Villa de Vejer de la Frontera (Cádiz) y subimos hasta el Mirador Don Quijote para tener buena vista del lugar de la infausta batalla de 711, en la que fue derrotado el Rey Don Rodrigo por los árabes Tariq y Muza, merced a la traición del Conde Don Julián, el Obispo Don Opas y los demás partidarios de los hijos del difunto rey godo Witiza. La Batalla de la Laguna de la Janda (que los Venerables habíamos visitado 19 años atrás) significó el fin del Reino Visigodo.

El fundamento de esta visita era la generosidad y el docto magisterio del Venerable Hermano Andrés, que se había ofrecido a explicarnos in situ el desarrollo de la batalla y cómo se consumó la traición. Desde la altura del mirador, con el casco histórico de la Villa de Vejer a nuestra siniestra, el Venerable desplegó sus interesantes explicaciones. Para una mejor comprensión del status quaestionis, este humilde amanuense procede a transcribir una epístola (no canónica) que el Venerable Andrés me había remitido días antes, del siguiente tenor literal:

"Buenos días, Mi Señor Abad. 
Allá por mayo de 1979, mientras hacia el Curso para la obtención del Certificado de Aptitud Pedagógica (en la carrera de Filosofía y Letras no existía esa materia) el Profesor de Árabe, egipcio nacionalizado español, había recibido el encargo de la Embajada pakistaní, al frente de cuya legación se encontraba un veterano General de la Segunda Guerra Mundial, que había peleado contra los japoneses en Birmania a las órdenes del ejército británico. 
Se preparó la visita a Vejer, habiéndonos dirigido previamente al sr. Alcalde. 
El Embajador quería observar in situ el escenario de la batalla, lo que se llevó a efecto desde la atalaya de la Finca Las Lomas, resultando de gran utilidad el mapa de la zona, cartografiado por el Instituto Geográfico del Ejército Español, que tuve el gusto de aportar para la ocasión. 
El General tenía información de que el ala de Tariq se apostó en el puerto de Facinas, mientras que Muza apareció por el río Celemín. 
El contubernio entre los hijos de Witiza y el Obispo Don Opas hizo llegar al rey visigodo Don Rodrigo la información de que el ala de Muza era insignificante, una avanzadilla, y que era conveniente entrar en la reseca laguna y plantar batalla. 
¡Ah!, la perfidia traicionera ya recorría España desde sus comienzos, con lo cual el rey visigodo, muy seguro de su espada, cayó en el fondo del saco. 
Tras su derrota, el rey pudo escapar con sus exiguas huestes leales, pero murió en Viseu y su espada estuvo colgada durante siglos del Puente de Alcántara (novela histórica muy interesante sobre la Edad Media, y escrita por Frank Baer; muy recomendable, por cierto). 
Tragedia histórica, levemente esbozada, y con el solo propósito de que se estudie y clarifique el período visigodo. Muy recomendable el libro de Thompson, "Los godos de España". 
Vuestro Venerable Hermano Andrés ha tenido el gusto de enviaros este apunte. Corríjaseme si hubiera incurrido en errores".

Resulta superfluo aclarar que el certero análisis del Venerable Barbateño no incurría en error alguno.

Llegaba la hora de nona y los Fratres nos trasladamos a la fusionada Villa de Benalup-Casas Viejas. Por recomendación del Venerable Andrés, almorzamos en el refectorio de La Cantina del Campo de Fútbol. A la comida se unieron dos viejos amigos del Venerable: Manolo, abogado y pianista, y Ángel, marino mercante, buenos conversadores que nos contaron muchas historias interesantes ese día.

El Venerable Andrés quería enseñarnos el escenario de la batalla desde otra perspectiva geográfica, por lo que fuimos a tomar café al Hostal Restaurante Benalup Golf. Y mientras la mayoría de los Fratres permaneció allí para merendar, Vuestro Señor Abad, acompañado del Hermano Barbateño y otros Venerables, tomamos un vehículo y subimos hasta los Apartamentos El Mirador de la Janda. La noche caía a toda velocidad pero aún dio tiempo al Venerable Andrés para mostrarnos desde aquella altura la ratonera en la que se metió el engañado Don Rodrigo. Y a fe que la explicación fue tan lúcida como fascinante.

La oscuridad de la noche terminó por cubrir todo y regresamos con los demás Hermanos. Metidos ya en la prima vigilia, nos trasladamos hasta el Hotel Utopía, que el Venerable Andrés quería que viéramos por dentro, pues tenía, según nos narró, una curiosa decoración al estilo de los antros de los años sesenta, que merecía la pena ver. En este hotel, en otro tiempo, su amigo Manolo tocaba el piano, simultaneando la música con la abogacía.

Manolo entró a buscar a una persona conocida que no estaba, y lo cierto es que los demás Venerables no llegamos siquiera a entrar, pues era tarde y mi sobrinita Remedios Florence ya quería dormir, y los demás Fratres también consideraban que era procedente regresar a la Abadía, por lo que la visita al Hotel Utopía quedó pospuesta para otra ocasión.



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